Con los años, las cataratas maduran naturalmente y, de manera lenta y progresiva, producen cambios que afectan la calidad de la visión. Así, a los pacientes con cataratas se les hace difícil renovar su licencia de conducir, además de verse impedidos de ver los colores y los rostros con detalle, o, simplemente, leer el diario o los mensajes en el teléfono.

Muchos pacientes operados, especialmente mujeres, notan que luego de la cirugía, y una vez recuperada la visión, las mesadas tienen más polvo o sus rostros tienen más arrugas, cuando en realidad lo que ocurría es que no podían distinguir estos detalles.

Además de la edad, hay otros factores de riesgo como la herencia, la diabetes, una larga exposición al sol a lo largo de la vida, el consumo de cigarrillos, haber padecido trastornos visuales serios y un prolongado uso de esteroides, ya sea tópicos o sistémicos.

Entre las recomendaciones, sobresalen el empleo de anteojos de sol adecuados, controlar el nivel de azúcar en sangre, realizar ejercicios físicos periódicamente y no fumar.