Estamos a menos de un mes de que se cumpla el plazo que obligue la celebración de nuevas elecciones, que vence el 31 de octubre. Y ya serían las terceras, después de los continuos intentos fallidos de investidura de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, que han estado mendigando apoyos de otras formaciones políticas hasta el momento, ya que no obtuvieron la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados en los dos anteriores comicios celebrados el 20 de diciembre y el 26 de junio.

Mientras la participación electoral sigue en decadencia (un 73% el 20D y un 69% el 26J), con una alta probabilidad de que en unas terceras elecciones se repita esta tendencia negativa, la incertidumbre por el futuro de España (uno de los países con mayores tasas de corrupción y mayor índice de pobreza registrado en los últimos años) es cada vez mayor. Sin embargo, el rechazo al Gobierno “en funciones” del PP, que sigue metiendo mano a la hucha de las pensiones dejándola en mínimos históricos y tiene la mayor lista de políticos imputados del país, no se percibe en las calles tanto como antes. Incluso, los populares se podrían encontrar más fuertes en unas nuevas elecciones ahora que el principal contrincante de Rajoy, Pedro Sánchez, ha desaparecido de la primera línea del PSOE, después de su forzosa renuncia que ha dado lugar a la formación de un Comité regulador que navega entre las turbulentas aguas socialistas de diputados afines con un Gobierno de Rajoy y, por tanto, la abstención del PSOE en una nueva votación en el Congreso, y los que defienden que el PSOE no debe ayudar jamás a que gobierne el PP y que prefieren pactar con Ciudadanos, Podemos o cualquier otra opción viable.

Pero el tiempo juega en contra de Javier Fernández, presidente de la gestora del PSOE, que pretende “tender puentes, pactar, hablar y cohesionar” al partido de nuevo e intentar frenar la celebración de unas terceras elecciones, que en este momento les dañaría muchísimo, antes del 31 de octubre, que es cuando se termina el plazo para apoyar la candidatura de Rajoy a presidente o presentar una nueva con los suficientes apoyos como para ser tenida en cuenta. Y aún les queda, también, elegir a los socialistas un candidato con fuertes apoyos internos que ocupe la posición de Pedro Sánchez, ya que en una votación para las primarias, que tarde o temprano se tendrá que realizar, Sánchez aún podría salir victorioso con el refuerzo de la mayoría de los militantes afines más a él que a otro diputado del PSOE, como ya se evidenció el 1 de octubre en las puertas de la sede de Ferraz, día en el que Sánchez hizo pública su renuncia mientras los afiliados gritaban e insultaban a los “traidores” e insistían en que “los militantes son los que mandan”.

Posiblemente, los más beneficiados por la crisis interna del PSOE son Podemos y Ciudadanos que aspiran a captar a los votantes socialistas descontentos con la situación actual de su partido. El partido de Pablo Iglesias vería inflado su número de votos, en unas terceras elecciones, con socialistas de izquierda y el conjunto de Ciudadanos atraería a los de centro-izquierda. Solamente queda por ver si el PSOE es capaz de recomponerse rápidamente frente a esta fractura y de volver a instalar la confianza de su partido en sus militantes.

Andrea Gurau