La ciudad francesa prohibió el uso del burkini, el traje de baño que cubre enteramente el cuerpo y suelen usar las musulmanas practicantes, porque “manifiesta de manera ostentosa una pertenencia religiosa” y por ello puede “crear disturbio del orden público”.

La medida fue tomada por el alcalde, David Lisnard, veta “el acceso a las playas a las personas que no tengan un atuendo adecuado”, respetuoso de las buenas costumbres y que contemple las reglas de higiene y de seguridad de los bañistas en el dominio público marítimo”.

Un empleado del Ayuntamiento indicó que la ordenanza entró en vigor para agosto. Los infractores se exponen a una multa de 38 euros.