Clara Rodríguez se introdujo en el mundo de la música cuando era una niña. Desde que debutó a los 16 años interpretando el concierto de piano nº27 de Mozart con la orquesta Simón Bolívar, su carrera ha continuado de manera ascendente, convirtiéndose en una de las más destacadas pianistas internacionales de su generación. Considerada una embajadora de la música y la cultura latinoamericana, el próximo 9 de junio hará un tributo a la zona de Fitzrovia junto al clarinetista Michael Collins en el Bolivar Hall.

 ¿Por qué decidiste dedicarte a la música?

Porque tuve mucha suerte y excelentes maestros en Venezuela, luego gané una beca para venir a estudiar al Royal College of Music de Londres. Siempre tuve el apoyo de mi familia y de muchos amigos amantes de la música. He podido dedicar toda mi vida a su estudio, su investigación y su práctica. Sin la música el mundo estaría muerto.

Interpretas tanto piezas de música clásica como obras de autores sudamericanos, ¿cómo combinas estos estilos tan diferentes?

Adoro la música clásica europea. Desde que era niña empecé con Bach, Mozart, etc., son parte de mí; pero viniendo de un sitio tan rico en música como es Venezuela, ha sido muy importante acercarme a nuestros géneros, desarrollarlos, aprenderlos, investigarlos, entrar en contacto con los compositores de allí y, a su vez, con los del resto de América Latina.

Sus obras han sido muy bien recibidas por el público internacional. Esto ha supuesto un trabajo casi de especialista, pero que ha ido permeando el repertorio general de la música clásica. He logrado que algunas piezas de autores venezolanos sean incluidas en exámenes internacionales de piano y pienso continuar con ello.

¿Cómo ha sido tu experiencia grabando tus diferentes discos?

Grabar discos es la única manera en la que un músico puede decir esto es lo que yo hago, porque los conciertos se quedan en el aire. Empecé con una disquera inglesa, a ellos les interesó mucho la música de Moisés Moleiro, que es un compositor venezolano, ese fue mi primer disco; el segundo fue de Federico Ruíz, otro compositor venezolano que todavía está vivo, a quien yo le pedí que escribiera piezas al estilo latinoamericano.

Luego grabé un disco de Teresa Carreño, una gran pianista venezolana del siglo XIX, que junto a Clara Shumann ha sido la única gran pianista reconocida en el mundo. Fue una niña prodigio y un genio de la composición.

El disco, que se llama Venezuela, fue algo que quería hacer desde hacía tiempo, que consistía en crear una combinación de música académica y popular de Venezuela. Hay obras de Antonio Lauro, que es clásico, y de Simón Díaz, que es más popular. Básicamente son los tres estilos o danzas venezolanas:  el vals venezolano, el merengue venezolano y el joropo venezolano.

En este momento estoy grabando otro, pero ya abarcando otros países como Haití, Cuba, Colombia, Brasil o Argentina.

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Clara Rodríguez durante un ensayo en el Bolivar Hall. Sergio Gómez.

Has dirigido diferentes festivales de música a lo largo de tu carrera, ¿podrías hablarnos de ellos?

El Festival del Teatro San Martín de Caracas me apasionó porque es un edificio donde funcionaba la lotería. Ese edificio fue otorgado a un grupo de teatro y me preguntaron si quería hacer música allí. Como vivo aquí en Londres, lo mejor era hacer un festival para concentrar los conciertos en un corto lapso. Hice cuatro años de festivales allí y fue realmente muy emocionante, porque el sitio donde queda ese edificio es una zona de Caracas donde no hay centros culturales. Eso era lo que me interesaba, acercar el trabajo de los músicos a una comunidad que no tenía esa oportunidad.

El Festival del Piano de Leyenda de Caracas, ha sido una de las cosas más bonitas que he podido hacer, que fue que Venezuela comprara un piano de gran cola al Royal Festival Hall.

Es uno de los mejores pianos de América Latina. El piano lo llevó allí el técnico del Southbank Centre, Peter Salisbury, y lo reacondicionó para la sala José Félix Ribas. Ese piano fue tocado por grandes pianistas como Pollini o Brendel.

Realmente es un sueño de piano, y además de ser tan bueno, el técnico creó una segunda máquina que se puede ajustar, o sea que tiene dos pianos en uno. Me costó 18 meses de trabajo continuo, empujar la administración en Venezuela, pasé noches sin dormir… Fue todo como una leyenda, pero es verdadera. Allí está el piano y está siendo usado.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Estoy preparando un concierto en el Bolivar Hall, que va a ser muy bonito. Tiene que ver con el sitio en que está ubicado, que es Fitzrovia, hay un tributo a los artistas que vivieron en esta zona.

El concierto será junto al clarinetista Michael Collins, quien va a tocar un concierto de Mozart, porque él vivió en Londres 15 meses cuando tenía ocho años. Es una conexión con ese pasado y con la casa donde vivieron Francisco de Miranda y Simón Bolívar. Voy a tocar unos valses venezolanos del siglo XIX con piano y orquesta de cuerdas y a interpretar dos canciones de un compositor venezolano que se llama Otilio Galíndez para piano y clarinete.

¿Cuál es tu sueño como pianista?

Mi sueño es seguir tocando, seguir comunicándome con el público, descubriendo repertorio interesante, hacerle bien a la comunidad, dar alegría, y sobre todo, llevar al público esa conexión que uno siente a través de la música con ese mundo que va más allá de lo cotidiano.

Elizabeth Santana