Los océanos eran habitados por criaturas que carecían de esqueleto hace 570 millones de años.

Desde el primer descubrimiento de los fósiles de estos misteriosos seres, llamados Dickinsonia, hace 75 años, los paleontólogos habían tratado de explicar qué son: algunos especulaban que eran líquenes, otros gusanos de mar o medusas, e incluso se había llegado a plantear que fueran un ensamblaje de organismos unicelulares. Investigadores de la Universidad Nacional de Australia (ANU) han resuelto finalmente este enigma: Dickinsonia es el animal más antiguo de la Tierra descubierto hasta el momento.

“Es el santo grial de la paleontología”, asegura Jochen Brock, investigador de la ANU y coautor de esta investigación publicada en la revista Science. “Arroja luz sobre nuestros propios orígenes, de ahí que sea muy importante averiguar qué eran finalmente estas criaturas”.

Hace 540 millones de años, con el inicio del periodo Cámbrico, se produjo una gran explosión de vida y aparecieron prácticamente todos los grupos animales que existen. Pero en el registro fósil ya aparecen antes de esa fecha, a partir de los 570 millones de edad, durante el llamado periodo Ediacárico o Precámbrico, fósiles de organismos pluricelulares macroscópicos diversos, sin esqueleto, que solo se conocen por sus huellas. Primero se hallaron en Namibia y Australia, y más adelante también en Rusia, China, Canadá, Gran Bretaña y otras regiones. Esos fósiles están considerados uno de los mayores misterios de la paleontología y tienen la clave para entender el paso del primer mundo unicelular, bacteriano, al actual de flora y fauna.

“Este trabajo confirma la idea de que Dickinsonia era un animal en sí mismo y demuestra que fauna del período Ediacárico no es un experimento alternativo, sino un precursor de la vida animal actual”, añade este experto, que no participó en el estudio.

Para concluir que Dickinsonia es el animal más antiguo de la Tierra, los investigadores de la ANU se basaron en biomarcadores. Han buscado si en los fósiles de esta criatura se conservaban moléculas que pudieran dar pistas acerca de su metabolismo. Y han hallado restos de un tipo de lípidos encargados de funciones vitales en la membrana celular e implicados en funciones de señalización celular: esteroles.