El papa Francisco ha visitado este viernes el que fuera el campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau, en Polonia.
Se convierte así en el tercer pontífice consecutivo que se acerca al lugar donde las fuerzas de Hitler mataron a más de un millón de personas, la mayoría de ellos Judios.
El Papa se reunió con varios supervivientes del campo de exterminio, deteniéndose para darles la mano, besarlos en ambas mejillas e intercambiar algunas palabras.
A continuación, colocó una gran vela blanca en el Muro de la Muerte, donde fueron ejecutados los prisioneros.
Como argentino, Francisco es el primer Papa en visitar este lugar que no vivió la brutalidad de la Segunda Guerra Mundial en suelo europeo.
Sus dos predecesores tenían una conexión histórica personal con este sitio: Juan Pablo II, procedente de Polonia fue testigo de los sufrimientos infligidos a su nación durante la ocupación alemana.
Su visita en 1979 hizo historia y fue parte de los esfuerzos históricos del Vaticano en la reconciliación con los Judios. El Papa Benedicto XVI, que visitó en 2006, era un alemán que sirvió en la juventud de Hitler durante un tiempo cuando era un adolescente.