Una de las principales preocupaciones y retos para los padres es el paso de la alimentación líquida a sólida de sus hijos. Los expertos coinciden en que es un proceso complejo pero vital para el crecimiento del niño, ya que la alimentación sólida es fundamental para su desarrollo físico y para obtener otros nutrientes que no se encuentran en la comida líquida.
A la hora de introducir los alimentos sólidos es recomendable hacerlo a partir de los seis meses y de manera paulatina, para que el niño no sienta rechazo por esta comida. Durante el proceso los padres deben tener paciencia y ayudar al niño cortando los alimentos en trozos pequeños hasta que se acostumbren a masticarlos de forma frecuente y con normalidad, ya que la masticación requiere la coordinación y la fuerza de los órganos de la boca del bebé. Los niños suelen asumir la alimentación sólida con normalidad en torno al primer año.
Además, a partir de los siete meses, es recomendable ir introduciendo en la alimentación del niño alimentos como el pavo, el pollo, el tofu, el pescado o la yema de huevo triturada por su alto contenido en proteínas. Deben ir añadiéndose en su dieta en forma sólida, pero adaptada a las necesidades del niño.
Otro de los aspectos a tener en cuenta de esta etapa, es observar cómo los niños mastican y tragan los alimentos, debido que el escape de saliva o la interposición de la lengua entre los dientes pueden dar un patrón de futuros problemas. Además, se debe evitar que el niño tenga el chupete de manera prolongada o la costumbre de meterse el dedo en la boca porque pueden afectar la colocación de los dientes o el paladar.
El cambio de la alimentación líquida a sólida del bebé es uno de los pasos más importantes en su etapa de crecimiento. Llevar este proceso de forma paulatina y con los alimentos adecuados será fundamental para el desarrollo del niño.