Dilma Rousseff, quedó definitivamente apartada del gobierno, 61 senadores votaron a favor de su salida. Bastaba con que fueran 54. En una segunda votación, la Cámara Alta resolvió no quitarle la posibilidad de volver a ocupar cargos públicos o ser candidata.

Las razones para derribar su segundo mandato, iniciado el 1º de enero de 2015, se basan en presuntas irregularidades fiscales, que de acuerdo a su defensa no fueron probadas.

Aunque se podía intuir que la mandataria sería defenestrada, el episodio no deja de tener un terrible impacto. Primero, porque el nuevo gobernante, su ex vice Michel Temer, asume en circunstancias de fragilidad tanto por su mala imagen popular como por el contexto económico.

Para confirmar su legitimidad frente a los principales mandatarios del mundo, el ahora presidente Temer viajará esta noche a China para participar del G-20. Allí pretende tener encuentros con los jefes de Estado de las principales potencias.

Pero en lo interno, nada le será fácil. Tendrá que demostrar a los mercados que controla el Parlamento y que podrá hacer votar, en forma exitosa, las reformas que le demandan.

Como sucedió en los últimos días, manifestantes de izquierda bloquearon los principales accesos a San Pablo, luego de que anoche protagonizaron enfrentamientos con la policía en la Avenida Paulista.

“Lo que quiero es dejar la economía mejor, el Estado pacificado, sin la división que encontré”, resaltó Temer en sus declaraciones al diario O Globo.