Son solo el 0,002% de la población humana, pero tienen una cualidad extraordinaria y valiosa: están sanos pese a que su genoma dice que debieron morir de niños. Son humanos que no necesitan genes esenciales para vivir. Tienen mutaciones fatales algún gen esencial, y pese a ello, el resto de sus genes les hace resistentes a ese destino. Los científicos están enormemente interesados en estudiar su biología, pero no pueden: los compromisos de privacidad les impiden si quiera identificarlos más allá de un número de código. Son una valiosa joya perfecta e inaccesible.

La investigación de estas personas resilientes conduciría con toda probabilidad a identificar las variantes genéticas que les hacen inmunes a sus propias mutaciones fatales y, una vez identificadas esas variantes, resultaría relativamente sencillo imaginar posibles tratamientos que ayudaran a otras personas que no han tenido tanta suerte en la lotería genética. Es frustrante que nuestras propias leyes, diseñadas para proteger a los individuos de sus empleadores y aseguradoras, se hayan convertido en un impedimento para el progreso de la medicina.