Hace unos años, el estreno Drive (2011) puso a Nicolas Winding Refn en el punto de mira de muchos. Si bien el danés ya contaba con algunos títulos a sus espaldas, no fue hasta el estreno de este que alcanzó la fama internacionalmente. Crítica y público aclamaron el magistral film en su proyección en el Festival de Cannes de 2011, otorgándole a Refn el Premio al Mejor Director por la película. Desde entonces, dos veces más ha pasado el danés por Cannes, con Only God Forgives (2013) y The Neon Demon (2016), las cuales lo convirtieron en uno de esos directores que los amas o los odias.

Drive, basada en la novela homónima de James Sallis, nos contaba la historia de un mecánico y conductor especialista de cine (Ryan Gosling) que, de forma esporádica, también trabaja como chófer para delincuentes. La vida del protagonista cambia cuando conoce a Irene (Carey Mulligan), su vecina que tiene un hijo pequeño y un marido encarcelado.

Por si la propuesta no fuera poco interesante, Refn terminó de encandilar a todo cinéfilo gracias a su impecable puesta en escena, que van desde el montaje (ese arranque ejemplar, fácilmente entre los mejores de los últimos años), pasando por la estética (emulando el cine de género de los años 60 y 70 con planos minuciosamente iluminados) como por las actuaciones de sus personajes, todo ello fulminado con la espléndida banda sonora compuesta por Cliff Martínez.

La manera del director de retratar la violencia como algo tan visual y estético nos dejó con ganas de más a todos. Con su siguiente largometraje llegó la decepción.

Se esperaba mucho de Only God Forgives cuando se estrenó. Esta vez el director contaba con un guion original, escrito por el mismo, sobre un joven (Gosling) que dirige un club de boxeo tailandés que en realidad es una tapadera para el tráfico de drogas. Al igual que en Drive, vemos como una fémina irrumpe en la vida del protagonista para darle un giro de 360º, en este caso su madre, que llega de Estados Unidos llena de odio y con sed de venganza tras la muerte de su otro hijo.

Entre los mayores problemas de Only God Forgives están un guion flojo, con apenas desarrollo de personajes y una trama vacía, y esas ganas de repetir la fórmula de su anterior trabajo, apoyándose casi por completo en la estética y dejando de lado la historia, nuevamente con una potente banda sonora de Cliff Martínez.

Este solo fue el principio de la decadencia porque cuando The Neon Demon se proyectó en Cannes se confirmó que el cine del danés estaba hecho solo para sus fieles seguidores. A pesar de ser una película protagonizada por mujeres, escrita por dos mujeres y siendo la directora de fotografía mujer (eso sí, Cliff Martínez en la banda sonora), Refn nos trajo una película machista, donde se muestra a todas sus protagonistas dependientes de figuras masculinas y retratadas como objetos, como si de un anuncio de colonia se tratase.

El film, ambientado en el mundo de la moda en la eléctrica Los Ángeles, muestra el lado más narcisista del director y, lo que en un principio podría resultar fascinante, acaba por hacerse insoportable. Eso sí, de cada frame se podría hacer un gif, lástima que esto no sea suficiente para considerarla una buena película, pero basta para confirmar que Nicolas Winding Refn es un director puramente visual y que cualquier halo de “esto es mucho más profundo de lo que parece” en sus películas es pura fantasía.

Fran Medina