Una investigación reveló que en la década del 60 la Sugar Research Foundation (hoy conocida como Sugar Association) pagó a tres nutricionistas de Harvard para que publicaran una investigación que minimizara la relación entre el consumo de azúcar y las enfermedades cardíacas, y que en su lugar responsabilizara a las grasas saturadas.

El estudio en cuestión se tituló “Grasas dietéticas, los carbohidratos y la enfermedad cardiovascular aterosclerótica” y fue publicado en agosto de 1967 en la prestigiosa revista New England Journal of Medicine.

El soborno fue descubierto por investigadores de la Universidad de California y publicado en el último número de la revista JAMA, de la Asociación Médica Estadounidense. Para llegar a estas revelaciones, analizaron documentos internos, informes históricos y declaraciones de principios.

Tuvo gran influencia en las investigaciones nutricionales que se realizaron durante las siguientes cinco décadas. Por lo tanto, se cree que muchas de las recomendaciones que se siguen dando hoy en día pueden haber sido formadas, en parte, por la industria azucarera.

Según lo informado en el diario The New York Times, ya no están vivos ni los científicos ni los ejecutivos de la industria azucarera que participaron en el soborno. Uno de los investigadores fue Marcos Hegsted, que llegó a ser el líder de nutrición en el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Otro fue Fredrick J. Stare, presidente del Departamento de Nutrición de la Universidad de Harvard.