El martes por la noche un sismo de 6,3 grados de magnitud en la escala de Richter sacudió la costa chilena ubicada al norte de Santiago, la capital, sin dejar víctimas ni daños materiales, según informó el Instituto Geológico de Estados Unidos.

La potencia del sismo fue demasiado débil como para obligar a las autoridades a lanzar un alerta por riesgo de tsunami. “Las características del sismo no reúnen las condiciones necesarias para generar un tsunami en las costas de Chile”, indicó, por su parte, el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada de Chile (Shoa).

Chile ha sido en los últimos años foco de fuertes terremotos debido a su ubicación en el denominado Cinturón de Fuego del Pacífico, una zona de actividad sísmica intensa.

En los últimos años, el país padeció tres grandes sismos, de magnitudes superiores a los 8 grados. En septiembre, un terremoto de 8,3 grados  azotó al centro y norte del país y dejando ocho muertos y un desaparecido. En abril del año pasado, otro terremoto de la misma magnitud devastó la ciudad de Iquique ocasionando seis muertes. Pero sin duda, el peor registrado hasta el momento fue el de febrero de 2010, un terremoto de 8,8 grados, seguido de un maremoto al sur de Chile que dejó más de 500 muertos, numerosos desaparecidos y daños materiales incalculables.

Tras esta última tragedia, el parlamento chileno endureció las normas que rigen la construcción en todo el país y las empresas del sector desarrollaron técnicas antisísmicas novedosas. Esto ha hecho que en esta ocasión Chile haya resistido bien y las consecuencias no hayan sido tan devastadoras.