Ya es oficial, Donald Trump es el 45º presidente de Estados Unidos. El empresario, millonario y potenciador de shows televisivos se encuentra desde hoy a cargo de una de las mayores potencias económicas mundiales y nadie sabe muy bien qué va a hacer con ella. Sin embargo, ahora que Trump ya ha asumido el cargo político tiene vía libre para empezar a dibujar las líneas estratégicas que ha ido trazando durante su candidatura y demostrarnos si va a seguir jugando sus cartas hasta el final o si va a moderar sus planes más radicales antes de que acabe la partida.

Su objetivo prioritario, como ya ha dejado claro hasta el momento, es la construcción de un muro que acentúe la frontera entre México y EEUU y que el coste total sea asumido por el gobierno de Enrique Peña Nieto. Aunque las negociaciones entre ambos países puedan demorarse unos años (o siglos), por un lado, el presidente estadounidense ha afirmado en una rueda de prensa la semana pasada que pretende adelantar el proyecto fronterizo con dinero de sus contribuyentes, incluirlo en la nueva ley presupuestaria prevista para abril y hacérselo pagar más tarde a México “ya sea mediante un impuesto o un pago”. Y Nieto va a aceptar con los ojos cerrados dejar en bandeja el culo de los mexicanos. Claro que sí.

Por el otro lado, no todos los componentes del nuevo gobierno de Trump están de acuerdo con él en este asunto. “México es desde hace mucho tiempo un vecino y amigo de este país y vamos a relacionarnos (con él) por su importancia para nosotros en este hemisferio”, explicaba en el Senado el designado como secretario de Estado, Rex Tillerson.

Sin embargo, éste tampoco es un alma de la caridad (pretende poner barreras al comercio de China en aguas asiáticas; como siempre, EEUU creyendo ser el centro del universo), como ninguno de los que forman parte de su equipo presidencial: un agresivo estratega militar como ministro de Defensa, un islamófobo como consejero de Seguridad Nacional, un fiscal general un poco racista como ministro de Justicia, un negacionista del cambio climático como consejero de Medioambiente, un contrario a mejorar las condiciones laborales de los empleados como ministro de trabajo, un “tiburón” en compraventa de activos en crisis como consejero de Comercio, un detractor del aborto como ministro de Sanidad… Trump no se anda con tonterías. ¿O sí?

Andrea Gurau