Las mujeres recurren a la vitrificación de óvulos por motivos sociales o bien por cuestiones relacionadas con la salud

La maternidad tardía es una realidad a nivel mundial y eso se refleja en el aumento de consultas médicas por embarazos que no llegan. La mujer evolucionó social y laboralmente y su vida es completamente distinta a la que llevaban sus madres o abuelas. De allí que la opción de preservar la fertilidad que le ofrece la ciencia se convirtió de un tiempo a esta parte en un “igualador de posibilidades”, que permite a muchas mantener el estilo de vida sin resignar el deseo de ser madre.

La preservación de la fertilidad supuso un gran avance para la medicina reproductiva. Así, además de por cuestiones sociales, laborales o personales, pacientes diagnosticadas de cáncer que deben someterse a un tratamiento de quimio o radioterapia que pueda dañar su fertilidad, tienen un “seguro de fertilidad” llamado vitrificación.

“Un dato muy llamativo es que mientras que las mujeres menores de 35 años que preservaron su fertilidad por motivos sociales alcanzaron una tasa de éxito del 94% al obtener 24 ovocitos a vitrificar, aquellas que superaban los 35, con una cantidad similar de ovocitos, apenas llegaban al 50% de probabilidad de embarazo a término. De ahí la importancia de preservar la fertilidad antes de los 35 años, para evitar el efecto de la edad en la calidad ovocitaria”, explicó Cobo.

El principal marcador de calidad ovocitaria es la edad de la paciente, por lo que este estudio presenta una guía clara de asesoramiento acerca de las posibilidades de tener un bebé en función de estos dos parámetros medibles y ayuda a perfilar una realidad estadística de gran interés para avanzar en el campo de la prevención de la infertilidad.

La preservación de la fertilidad supuso un gran avance para la medicina reproductiva

El estudio es una muestra de la realidad social, que evidencia cómo el grupo mayoritario de pacientes que se plantean preservar su fertilidad por motivos sociales sigue situándose por encima de los 35 años. De hecho, este último grupo aglutina a más del 70% de las mujeres que preservaron su fertilidad por motivos sociales en IVI, y el 15% superaban los 40 años. Esta tendencia se invierte en el caso de los ciclos de onco-fertilidad, donde el 70% de las mujeres eran menores de 35 años.

“La maternidad tardía es una realidad a nivel mundial y en IVI Buenos Aires lo vemos reflejado todos los días en la consulta médica. La mujer evolucionó muchísimo social y laboralmente y lleva una vida completamente distinta a la que llevaban nuestras madres o abuelas. Por ello, para poder mantener el estilo de vida sin perder la posibilidad de ser madre es fundamental preservar la fertilidad en una edad temprana”, consideró el médico especialista en fertilidad Fernando Neuspiller, director de IVI Buenos Aires. “De hecho, en 2018, en IVI Buenos Aires el 77% de las pacientes que recurrieron a la vitrificación superaban los 35 años de edad”, añadió.

Sobre el trabajo, Cobo explicó que “se trata de un estudio retrospectivo integrado en un 83,5% por mujeres que optaron por una preservación electiva de la fertilidad y un 16,5% que lo hicieron por motivos oncológicos (principalmente cáncer de mama). De estas pacientes, aproximadamente 700 regresaron para intentar ser madres, dando lugar al nacimiento de 162 bebés fruto de la preservación por motivos sociales y 25 bebés llegados al mundo tras superar sus madres un cáncer“.

“Aunque las tasas de retorno siguen siendo bajas, con cerca de un 15% en la preservación social y aproximadamente 10% en la oncológica, lo cierto es que esta técnica experimentó un crecimiento exponencial en los últimos años y prevemos que siga la misma tendencia en los años venideros, lo cual exige un estudio detallado y en profundidad de sus implicaciones, no sólo médicas, sino también sociales”, concluyó Cobo.