Hoy os voy a recomendar y a hablar de una película cuyo nombre es Déjame entrar. Es un film sueco del año 2008 realizado por Tomas Alfredson, un director que posee la sensibilidad, la madurez y el arte que les falta a muchos realizadores hollywoodienses.

“Déjame entrar” da una vuelta de tuerca al género de los vampiros, sobre todo a los vampiros de Hollywood. La vampiresa que co-protagoniza el film es tranquila, misteriosa, adulta pese a poseer el aspecto de una niña, práctica y sobre todo humana con todos los problemas y sentimientos que ello conlleva. Humana de una forma impensable para aquellos acostumbrados a los vampiros de la película, por llamarla de alguna forma, Crepúsculo, en la cual el vampiro Edward Cullen solo se alimenta de aquellos humanos que considera criminales… No.

La vampira de Déjame entrar se alimenta como puede y sin remordimiento ni maldad, comparable a la forma en la que una persona normal se come un filete de ternera sin remordimiento por haber matado a la vaca. Lo hace solo por la necesidad de alimentarse.

Pero pasemos a la película. El film trata de un preadolescente de doce años que es marginado en el colegio por sus compañeros de clase, que se hace amigo de una nueva y misteriosa vecina de la cual sospecha que es un Vampiro.

En base a esta premisa se desarrolla una trama madura, a ritmo lento pero constante y fría como el hielo que contrasta con el ritmo empleado en las películas más comerciales en la actualidad, pero que le va como anillo al dedo a la historia de amor que realmente quiere narrar, lo bueno se cuece a fuego lento.

A veces romántica y en otras ocasiones dura, sangrienta y monstruosa, Déjame entrar no es un film para todos los públicos, y mucho menos para un público adolescente los cuales se aburrirían a los cinco minutos de empezar. La película busca a aquellos espectadores más realistas, emocionales y sobre todo que posean cierta madurez gracias a la cual podrán captar todas las oportunidades que ofrece.

Sergio Gómez